Te quejas tanto de lo que te falta que olvidas lo que tienes
Hoy, antes de enumerar todo lo que te falta, detente un momento y reconoce aquello que tienes y que un día también fue motivo de tus oraciones.

Qué curiosos somos los seres humanos. Cuando no tenemos trabajo, nos desesperamos por conseguirlo; cuando lo conseguimos, nos quejamos de tener que levantarnos temprano. Soñamos con tener una casa y, cuando finalmente la tenemos, comenzamos a lamentarnos porque no es tan grande como quisiéramos. Hasta la comida que tenemos sobre la mesa termina siendo motivo de queja.
Y así, mientras concentramos nuestra atención en lo que nos falta, dejamos de reconocer el valor de lo que ya tenemos.
Así funciona muchas veces nuestra percepción. Nos acostumbramos tanto a ciertas cosas que terminamos considerándolas insignificantes. Olvidamos muy rapido que lo que tenemos ahora quizá fue la respuesta a una necesidad que un día nos quitaba el sueño.
Pero cuidado: ser agradecido no significa conformarse con una vida que necesita cambios, ni fingir que todo está bien cuando no lo está.
Puedes agradecer tu empleo y aspirar a uno mejor. Valorar tu hogar y trabajar por uno más cómodo. Reconocer lo bueno de tu vida sin negar las dificultades que enfrentas.
En 1 Tesalonicenses 5:18, Pablo nos exhorta a dar gracias en toda circunstancia. Y es que la gratitud también requiere cambiar nuestra manera de mirar la vida. No podemos vivir quejándonos de todo y, al mismo tiempo, pretender disfrutar de lo que tenemos. Cuando la queja se convierte en costumbre, hasta las bendiciones terminan pareciéndonos insuficientes.
Hoy, antes de enumerar todo lo que te falta, detente un momento y reconoce aquello que tienes y que un día también fue motivo de tus oraciones.
Porque mientras esperas lo que viene, no deberías perder la capacidad de valorar lo que ya está.
¡CAFECITO! ☕
Cristina B. Drew
Un Cafecito con Cristina




